“Carga para el estado”

Al lector Raúl Ramón Nieva (carta “Carga para el Estado”, 18/04), que afirma no haber leído críticas de mi autoría hacia otros gobiernos por la situación de los jubilados, le recuerdo que existen y muchas, donde denuncio el destrato sistemático de todas las ideologías hacia quienes aportaron toda su vida y hoy son relegados: “Pobres jubilados (5/09/24): Sinceramente si hay una clase social realmente marginal y sin posibilidades: son los jubilados. Todos los gobiernos, los que pasaron y el actual, usan y abusan de ellos. Condenados a la miseria salarial que perciben, enfermos por su avanzada edad, muchos de ellos solos, sin familia, deben soportar en el ocaso de su vida a pesar de haber aportado al Estado con dinero y esfuerzo, morir así. Lo atroz es el justificativo político que utilizan siempre para ocultar el criminal ajuste que les proporcionan todos los gobiernos. Aquellos que intentan desvirtuar esta triste realidad hoy y ayer, con discursos ideológicos, dejan a las claras la incultura, el desconocimiento y la puesta en valor del verdadero significado del trabajo y mucho más de los derechos humanos y laborales manifiestos en la Constitución nacional; constitución, valga la redundancia, violada a gusto y placer por el poder político de turno para aniquilar con aplausos a los pobres jubilados de la República Argentina”.

Williams Fanlo

willyucr@gmail.coms

Convivencia

La convivencia social en Argentina muestra signos preocupantes de deterioro, visibles en escenas cotidianas: discusiones que escalan en segundos, agresiones en la calle, escuelas, parlamento, hechos de violencia física y episodios armados cada vez más frecuentes. Todo genera una sensación extendida de tensión permanente. Sin duda, este fenómeno tiene múltiples raíces —económicas, culturales, institucionales y hasta podríamos hablar de emergentes de un sistema social-económica-cultural complejo. No se trata solo de estadísticas: es el clima, el tono de época, la irritación constante que parece haberse instalado como forma de interacción. Así, la agresividad se normaliza, se naturaliza, y termina por erosionar los límites que antes contenían la escalada. Pero la violencia no es solo la que se ve. También se expresa de manera más silenciosa en los sueldos bajos que no alcanzan, en los trabajos que no se consiguen, en las empresas que cierran y en el crecimiento del empleo no registrado. A esto se suma otra forma de deterioro institucional: la creciente dificultad para aceptar las decisiones de la justicia cuando no coinciden con las propias creencias, lo que debilita reglas básicas de convivencia. Todo ello erosiona la dignidad, genera frustración y alimenta un malestar que luego se traslada a la vida cotidiana, amplificando otras formas de agresión. La aparición de armas en ámbitos escolares. La escuela, históricamente pensada como espacio de contención, socialización y futuro, aparece atravesada por tensiones que antes pertenecían al mundo adulto o marginal. Todo parece indicar que los límites sociales se están debilitando. Lo estructural y lo cotidiano se entrelazan, configurando un clima de época marcado por la irritación y la incertidumbre. Hasta aparecen videos en las redes hablando de las “desventajas” de la democracia… No estamos necesariamente ante un desenlace inevitable, pero sí frente a señales que no deberían ser ignoradas. Todo esto remite, de manera inquietante, a una escena de la película El huevo de la serpiente, del director Ingmar Bergman. Allí, un anciano observa con una mezcla de tristeza y resignación a un grupo de jóvenes que cantan con fervor una canción cargada de sentido ideológico. No hay aún una tragedia explícita, pero sí una intuición: algo se está gestando bajo la superficie. El “huevo de la serpiente” —la metáfora es potente— deja ver, a través de su cáscara, la forma de lo que vendrá. ¿Quién podrá hacer de mediador en este complejo panorama? Tucumán también enfrenta este desafío. La pregunta no es solo cómo contener la violencia, sino cómo reconstruir los lazos sociales que la previenen. Porque cuando la agresión se vuelve lenguaje cotidiano, lo que está en riesgo no es solo la seguridad, sino la posibilidad misma de convivir.

Juan A. González

San Juan 158 - Lules

Menhires

Con respecto a la nota del Sr. Roberto Delgado sobre el megatraslado de los menhires de El Mollar (16/04) y la opinión del Sr. Juan Salaverry (carta 18/04): “Cosas veredes, Sancho, que harán hablar a las piedras”. Hay que vivir un tiempo para leer cosas increíbles. Los mentados menhires se encontraban en sus originales lugares por alguna ancestral y cósmica razón de los originarios Tafí que lamentablemente nunca desentrañaremos. ¿Y por qué? Por la supina ignorancia de funcionarios que, desde Ernesto Padilla en adelante, no supieron darle el valor científico que portaban, hasta la debacle en el año 77 con la dictadura, gobierno de Bussi, en el megatraslado de los Menhires. Hoy Juan Ambrosetti, que los descubrió por 1896, no debe encontrar posición en su tumba, ya que él mismo había comparado los menhires con Karnac, que a posterior ratificó el arqueólogo Rex González confirmando la cultura Lualuyu 1.200 a.C. lo describe con dolor en su brillante mente como una acción con consecuencias irreparables dado que nunca se podrá saber, con alguna aproximación a la certeza, para qué fueron tallados y ubicados por sus talladores. No es correcto desacreditar al profesor Orlando Bravo, quien fue un gran estudioso del tema, tampoco convengamos que por aquel entonces tocaban los militares “el timbre” para pedir los menhires. La Revista “Nueva”, suplemento de LA GACETA, año 1993, con texto de Roberto Rainer Cinti, reproduce lo siguiente: “Durante el último gobierno militar un director de gimnasia del Ejército y un Tte. Primero, que carecían de la menor preparación, juntaron los 130 monolitos esparcidos en el valle sobre una loma arbitrariamente elegida y crearon esa monstruosidad que es el Parque de los Menhires”. A quien le quepa el sayo que se lo ponga.

César Trejo

lexcesar60@gmail.com

El “ancazo” y La Madrid

Ya nadie se acordaba del “ancazo” tucumano. Simplemente había pasado al olvido. Tal vez otros se lo apropiaron, hasta que un día el agua lo trajo y entre dos lo revivieron. Se dio bajo el agua de la inundación en La Madrid, que afectó a muchas personas habitantes de aquel lugar; muchos se fijaron solo en esas dos personas, los protagonistas de aquel suceso. La que lo dio y la que lo recibió: personas de alguna manera influyentes y personas importantes de nivel universitario. Dicen que valen mucho más que los pobres que perdieron todo. Como siempre muchos valen poco; basta leer un poco del pasado y siempre van a valer menos porque se acostumbraron a perderlo todo. Este hecho lo pone en evidencia: de La Madrid ya se olvidaron; del “ancazo” tucumano, no.

Armando Héctor Martínez

Emilio Castelar 1.984 - S M de Tucumán

Uso indebido de anestésicos

Los anestésicos nacieron para algo noble: evitar el dolor. Pero cuando salen del quirófano y llegan a manos equivocadas, se convierten en un riesgo silencioso. Lo que más preocupa del uso indebido de anestésicos es que no parece peligroso a simple vista. No es una droga callejera con mala prensa. Viene en ampollas, con etiquetas de laboratorios. Eso genera una falsa sensación de seguridad. Si lo usan los médicos, no puede ser tan malo, se piensa, y ahí empieza el problema. Hablar del uso indebido de anestésicos ya no es sólo un tema médico. Es un tema policial y judicial, porque detrás del Propofol y el Fentanilo mal usados hay dos delitos que duelen: el robo y la muerte. Propofol y Fentanilo no se consiguen en cualquier esquina. Salen de quirófanos, ambulancias, depósitos de farmacias. Alguien que juró cuidar quiebra ese juramento. A veces es por adicción propia; el personal de salud está tan expuesto que muchos de ellos dependen de la droga que manejan. A veces es por plata; una ampolla de Fentanilo en el mercado negro vale mucho más que un sueldo. Pero sea cual fuere la razón, cada ampolla robada es una cirugía que se posterga y una vida que queda en riesgo. Y después viene la muerte. El Propofol mata en silencio. No da margen: 30 segundos entre la euforia y el paro respiratorio.

Rodolfo Ruarte

Las Heras 516 - S. M. de Tucumán

Recordando el frenesí y la vigencia de una danza

El baile del can-can nació en Francia, concretamente en París, en los salones de baile populares de gente trabajadora del barrio de Montparnasse hacia 1830-1840, constituyéndose con el tiempo en una tradición de baile emblemática de los cabarets parisinos. Su historia se remonta al siglo XIX, en el París de la Belle Époque. El origen del nombre es incierto, pero se cree que provienen de la palabra francesa cancaner que significa “hacer escándalo”. Fue en los salones de baile de París donde las mujeres comenzaron a usar faldas más cortas y mostrar sus piernas mientras bailaban. Su baile se hizo famoso en el Moulin Rouge, un cabaret parisino situado en las colinas de Montmartre convertido en el hogar del baile. Fue aquí donde el can-can se convirtió en un baile popular entre las mujeres ganando un lugar destacado en la cultura francesa. Sus movimientos son rápidos y acrobáticos de las piernas juntos a los movimientos de cadera y brazos; sus trajes también son una parte importante del baile, ya que con sus faldas cortas y ajustadas les permite moverse con total libertad. Sus movimientos energéticos cobraron fama gracia a bailarinas como La Goulue y Jane Avril. Su baile fue inmortalizado en pinturas, especialmente las de Henri de Toulouse-Lautrec, asiduo concurrente al espectáculo; fue el justamente quien plasmó en el lienzo a las bailarinas de Moulin Rouge. Este templo del can-can fue inaugurado en el período que abarca desde las últimas décadas del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial. En esa época se iniciaba la corriente artística conocida como “impresionismo”, encabezando este innovador movimiento artístico pintores de la talla de Monet, Degas y Renoir entre otros. El templo del baile del can-can, el Moulin Rouge, fue construido por un empresario catalán llamado Joseph Oller y el francés Charles Zidler, que ya eran propietarios del icónico Olympia de París. En esos años París se aprestaba a acoger la Exposición Universal de}en 1900, y fue que a este empresario español se le ocurrió montar un negocio para el ocio nocturno y así acoger a los miles de turistas que iban a visitar la ciudad. En uno de sus innumerables cuentos, entre ellos, titulado La Máscara, el escritor francés Guy de Maupassant, (1850-1893) relata la efervescencia y delirio que producía la acrobática danza, incluso en personajes entrados en años que se resistían al paso del tiempo, sumergidos en una nostalgia de no ser ya lo que fue y el recuerdo de sus lejanos éxitos. Lo dorado de la época subsiste en todo su esplendor, y los destellos de aquellos años agiganta la nostalgia al recordarla.

Alfonso Giacobbe

24 de Septiembre 290 - S. M. de Tucumán